¿Son reales los beneficios del kéfir?

«He estado tomando kéfir durante quince días para tratar un malestar estomacal, y desde entonces, todo ha ido bien. También he notado que vuelvo a estar en plena forma. Pero no consigo ninguna información médica sobre los beneficios de esta bebida», nos dijo recientemente por correo electrónico Christine, una internauta. Como ella, cada vez son más los franceses seducidos por esta bebida atípica que contiene probióticos, con fama de sanar la microbiota intestinal y, según algunos, dotada de propiedades anticancerígenas.

«Existe todo un mundo imaginario en torno a los efectos del kéfir»

«Esta tendencia es bastante reciente, se remonta a 10 o 15 años. Se puede ver en las tiendas, en las cadenas de tiendas ecológicas. También en Internet: los grupos de Facebook en torno al kéfir se multiplican», señala el investigador del CNRS Christian Lavelle, que actualmente realiza el único estudio francés sobre la composición del kéfir. Según el biofísico, que también ha analizado el perfil sociológico de los consumidores, esta práctica forma parte de una tendencia más global de búsqueda de tratamientos «naturales» o incluso caseros. «También hay todo un mundo imaginario en torno a los efectos del kéfir en la salud», desarrolla.

¿Pero cuál es la realidad? Como señala Christine, la información científica sobre las propiedades de esta bebida es escasa o de difícil acceso. Y es probable que siga siéndolo durante varios años más: el estudio dirigido por Christian Lavelle, que comenzó el año pasado, tiene como objetivo, en primer lugar, analizar los distintos microorganismos presentes en la bebida. Sólo entonces podrán los investigadores observar cualquier efecto sobre la salud humana y confirmar o desmentir los rumores de que el kéfir tiene propiedades anticancerígenas. Por lo tanto, sobre esta cuestión, los investigadores no podrán dar una respuesta hasta dentro de unos cinco años, afirma Christian Lavelle.

Efectos anticancerígenos nunca demostrados

Todavía es muy improbable que estos efectos sean verificados por la ciencia, dice el biofísico. «Algunos artículos científicos informan de posibles propiedades anticancerígenas, pero se basan en suposiciones, desarrolladas a partir de las propiedades de otros probióticos. También se han realizado evaluaciones en algunos modelos animales, sobre todo en ratones, pero ningún experimento a escala humana», desarrolla el investigador. ¿Cómo es posible, entonces, que estas creencias estén tan extendidas? Para Christian Lavelle, en el ámbito de la alimentación, este tipo de rumores es un fenómeno clásico. «Basta con que una persona afirme que un producto tiene propiedades anticancerígenas para que todo el mundo lo siga», resume.

Pero no se trata de echar pestes del kéfir por todo ello, advierte el investigador: «Podemos ver un impacto en la microbiota intestinal». El kéfir de leche, por ejemplo, se administra a veces a ciertos animales de granja para reforzar su sistema inmunitario. Esto se debe a que esta bebida contiene probióticos. Y su ventaja, en comparación con los disponibles en las farmacias, es que se compone de al menos tres o cuatro especies de levadura. «Esto siempre es mejor que ingerir un solo probiótico», señala Christian Lavelle. Quien afirma un último argumento a favor de la bebida: «No olvidemos, y esto es muy importante, que mucha gente la consume porque cree que sabe bien»

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