Las consecuencias del método Estivill (II), por Paco Jaume.

A raíz de algunos comentarios recibidos sobre la entrada de ayer (Las consecuencias del método Estivill) me surge la necesidad de ampliar alguna información y de aclarar alguna cuestión. Podéis encontrar estos comentarios en la misma entrada. Es tan larga la respuesta que he optado por transcribirla aquí, en forma de entrada.

A modo de resumen os contaré que había quien planteaba que en su experiencia con un bebé de siete meses, esperar unos segundos antes de atenderle le había servido para que durmiera mejor. Igualmente planteaba que no quería comer fruta y que insistir le sirvió. Que hay cosas que hay que aprender y que no se hacen solas desde el principio. Esto es lo que le contesto:

Se me abren varias cuestiones con tu reflexión.

1. El “método” es un sistema estandarizado. Eso hace que no escuchemos a “cada” niño en su particularidad. Desde nuestra propuesta cada caso, cada situación, va a requerir una atención diferente. El método “uniforma”, y creo que es un grave error. No es lo mismo un niño que nace en una família acogedora, tranquila y disponible que un niño que sus padres están angustiados con algo… o un bebé que tiene un trastorno mental grave sin detectar (y dormir mal es un síntoma de eso – es muy grave en ese caso no atenderlo)… y eso se va a ver en su forma de dormir (por ejemplo… o no… tal vez… habrá que ver…). Esa es la primera crítica, y la fundamental. La estandarización… frente a la escucha individualizada. Es mucho más laborioso, menos sencillo, más adecuado y mucho más serio y responsable (a mi modo de ver) atender cada situación que no responder a todas las situaciones de la misma manera. Y por supuesto mucho más favorecedor del desarrollo del bebé. En ese punto el método estivill hace muchísimo daño. Sobretodo en situaciones serias y complejas en las que “dormir mal” está enmascarando otra cosa. Primer hay que descartar esa “otra cosa”.

2. Por supuesto que no es lo mismo un niño de 7 meses (lo que cuentas de tu hijo) que un niño recién nacido. Si lees el artículo de El País, este señor pretende hacer eso desde el primer día de nacimiento. Si seguimos el tema del caso por caso, a los 7 meses el niño ya tiene competencias para regularse en el sueño. Tal vez un exceso de urgencia en ti (su mamá) en responder a su llanto o malestar estaba dificultando que durmiera más seguido… pero era tu urgencia la que había que atender (tal vez, repito, que habría que ver la situación en concreto)… y tal vez, el método sirvió para calmar esa rapidez en atender, y eso funcionó. En cualquier caso habría que ver. Un bebé recién nacido requiere interrumpir el sueño para alimentarse, ya que el hígado no está suficientemente formado para poder estar más de tres horas sin comer. Sólo a partir del tercer mes el hígado genera reservas para estar tanto tiempo. Forzar al niño a otro ritmo es no respetar lo que su cuerpito necesita. El problema principal es que el método funciona tan bien, que eso puede darse… luego ya veremos las consecuencias.

3. La base que defiendo es que tenemos mecanismos de autoregulación que funcionan estupendamente (más cuando uno es recién nacido), y que es en el contacto con el entorno que se ven alterados, lo que hace que no les permitamos funcionar correctamente. Eso es lo que hay que observar. La base que defiende Estivill, como él muy bien dice, es la del condicionamiento. El problema del condicionamiento es que funciona muy bien. Y que la mirada está puesta en la conducta (que el niño duerma) y no en el origen (veamos que pasa en esta familia que el niño no duerme). Se arregla el síntoma pero no la causa, y eso no soluciona nada, y hay un precio que pagar. Bueno, si soluciona… el sueño de los papás. Ellos si podrán dormir mejor. Y no digo que no sea importante. Pero hay que valorar que lo es más en cada momento. Y lo grave es que, en ocasiones (insisto que no siempre), usar estas técnicas “tapona”, “enmascara” algo más serio que debería ser visto y tratado. Es cómo el puñetero TDAH de las narices. Que dándoles una pastilla a los niños los profesores no se interrogan sobre sus métodos educativos.

4. Con el tema de la fruta y la comida lo mismo. Hay momentos para cada cosa. No es mi especialidad, el tema de la alimentación, pero hasta dónde sé, si al niño se le dejan trozos de fruta disponibles en la mesa, él irá acercándose y probablemente llegue a comerlos por él mismo. No es cierto que el niño “deba” comer fruta desde el principio. Hasta el año el alimento principal recomendado es la leche materna y el resto son complementos. Hay que ver cada situación para poder hacer una valoración adecuada de lo que sucede.

5. Y por supuesto que hay un momento en que toca poner límites. Pero no al año… eso no sirve de nada. El niño no tiene las capacidades necesarias para comprenderlos y se defiende corporalmente frente a la frustración que supone un límite puesto según de qué forma. A partir del año y medio, el niño va a ir entrando en ese mundo, en el lenguaje, en el control de esfínteres… y progresivamente irá entendiendo el “no” (el tiempo en que juegan con eso, y que dicen que “no” a todo…), la norma, y el respeto y transgresión de las mismas. Lo que si me parece fundamental en la cuestión de los límites es “sostenerlos”. Uno no debe renunciar a la función que nos corresponde como adultos en transmitir a los niños nuestros valores (los de cada uno), y los límites que los acompañan. Hay que poder sostener esa función y no renunciar a ella. Hay muchos adultos que se angustian también con los límites, y juegan al ahora si, ahora no, ahora tal vez… y marean a los niños que acaban haciendo lo que les da la gana por la falta de sostén que hay en el adulto, con lo angustioso que es eso para un niño. Así que, de acuerdo contigo en que, a su debido momento, hay que poder hacer eso.

6. Por último, no es el libro. Es el “método”. La forma es buena. Es una buena herramienta, muy mal usada. Es la base que es un desastre total!!!

Espero haber clarificado un poquito más la cosa.

Paco Jaume.

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